Reposa su trasero al pie del colchón, que
sirve de base para el otro colchón, y juntos, a su vez simulan una cama. La
música tenue y suave, acoge a los oídos. Desde el otro filo, derecho, la
ventada deja ingresar los recuerdos, al cerrar los ojos.
El fuego es tomate, la pipa de vidrio es
celeste, la planta es verde. Sus ojos, grandes, dirigen su mirada hacia la
planta.
Manos diestras y dedos ágiles, paren una amena fusión.
La pipa celeste se vuelve a llenar con un
poco de la planta verde. Sus cristales resaltan cuando la pipa está
limpia.
El cabello despeinado enredado y el rostro barbudo.
Sus labios pequeños y pronunciados.
Sus manos llenas de pintura y colores.
Hoy posaba sus labios en el filo de la pipa
celeste.
El fuego tomate se fusionaba con la planta
dentro de su ser.
El tremendo amor que emana la planta, le hace
recordar a una mujer muy especial.
La sonrisa le nace al mismo instante que los recuerdos.
Sus ojos se ponen rojos, le da otro calada a
la pipa celeste.
La música conspira, enormemente y logra elevarlo a un estado de “inconsciencia” tan grande que puede describir en palabras sus sentimientos.
El, “Aquí y ahora” se pasea por su mente.
Recuerda la palabra amor,
Cierra sus ojos y sopla un poco de humo de la
plantah.
Deja la pipah, al borde la cama y recuerda el
nombre de su mujer.
Aunque parezca que pasa todoh no pasa nadah
Fuertes
Mocah
